ZARCEÑOS POR ESPAÑA: Severiano Sánchez, una vida dedicada a la enseñanza en tierras leonesas

Severiano Sánchez García/C.A.
Severiano Sánchez García / C.A.

«La comarca de El Bierzo es un vergel. Estamos rodeados de montañas, pueblos preciosos, parajes únicos como Las Médulas, el clima, sus gentes…»

Pedro Espinosa
PEDRO ESPINOSA

Si existe la felicidad, Severiano Sánchez García (La Zarza, 1953) la encontró, sin duda, en la comarca leonesa de El Bierzo. Segundo de los seis hijos (Mari, Jacobo –fallecido-, Sebastián, Ana Mª y Cinti) que tuvo el matrimonio formado por Sebastián Sánchez y Jacinta García, natural de Oliva de la Frontera, el destino llevó a nuestro protagonista a la provincia de León en los años 70.

Tras estudiar Magisterio en Badajoz y hacer la mili en Ceuta, comenzó a trabajar en un colegio de Astorga, «donde daba clases y, al mismo tiempo, era educador, pues se trataba de un colegio con internado», nos cuenta nuestro protagonista. Ese año aprobaría las oposiciones.

Especializado en Pedagogía Terapéutica y dando clases en el Colegio de Sordos de Astorga, conoció a Camino, su mujer, también maestra. «Nos casamos en el 80 y tres años después nacería nuestro hijo Álvaro, que en la actualidad ejerce la abogacía en León».

Posteriormente se trasladaría a Ponferrada y, años después, al instituto de Villafranca del Bierzo, donde se jubiló. Desde hace años residen en Cacabelos, localidad berciana enclavada en pleno Camino de Santiago.

«La comarca de El Bierzo es un vergel. Estamos rodeados de montañas, pueblos preciosos, parajes únicos como Las Médulas, el clima, sus gentes…», relata Sánchez con emoción.

De su infancia en La Zarza recuerda los juegos en la calle La Carrera, los bolindres en los Portales, la escuela de don Francisco frente al parque, las tardes en el parque bajo la atenta mirada del señor José.

«A los 10 años me fui interno al colegio de los Salesianos, de Mérida, donde cursé bachillerato y reválida. COU lo haría en Santa Ana (Almendralejo)». Iba al pueblo sólo en vacaciones. «Recuerdo los cines de verano y de invierno, algunos bares, los guateques y, sobre todo, la feria de septiembre. Teníamos una pandilla muy numerosa, entre los que destacaría a mis amigos Juan Trinidad, Juan Espinosa y los hermanos Antonio y Francisco Dichas, entre otros.

Enamorado de Extremadura, al fallecer su padre se construyó una casa en La Zarza «para poder mantener las raíces». Ya jubilados, Seve y Camino vienen varias veces al año, sobre todo en fiestas y vacaciones. Además, a su hijo Álvaro también le encanta la tierra «lo que nos llena de orgullo».

De Extremadura no se lleva nada material, sino «los buenos momentos disfrutados en cada visita, y los recuerdos que me sostienen hasta la siguiente visita», apunta Sánchez. Sólo quiero que Extremadura y, sobre todo, La Zarza, me sigan trayendo puntualmente a mi casa«, añade.

Aficionado a la bicicleta, disfruta paseando, leyendo o viajando (Asturias, Tossa, Mallorca…). «Pasamos pequeñas temporadas en Babia, como los reyes», comenta con gracia, «donde tenemos una casa en Torrebarrio, a los pies de Peña Ubiña». Aseguran no aburrirse, sino al contrario, «los días parecen más cortos, nos faltan horas, a veces».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos