Rostro del Crucificado después de la resturación / CARMEN VEGA

Restaurado el Cristo Crucificado de la iglesia parroquial de San Martín

La actuación, realizada por la restauradora Carmen Vega, ha sido posible gracias a la colaboración económica del Ayuntamiento y Caja Almendralejo

Pedro Espinosa
PEDRO ESPINOSA

Debido al mal estado de conservación, la imagen de Cristo Crucificado que se hallaba en el cancel de la Puerta del Perdón de la iglesia de San Martín, ha sido restaurada en fecha reciente.

La restauración, realizada gracias a la colaboración del Ayuntamiento y la Fundación Caja Almendralejo, ha corrido a cargo de la doctora en Conservación-Restauración, María del Carmen Vega Vera. En breve, se podrá contemplar en el presbiterio de la parroquia.

Se trata de una escultura de armoniosas proporciones anatómicas realizada en madera de nogal policromada y articulada en los hombros, posiblemente realizada en el siglo XVI. Pertenece a las denominadas Cristo del Descendimiento, una de las esculturas con mayor devoción en tiempos pasados, pues esta tipología fue desarrollada a partir del Concilio de Trento (1545-1563).

Imagen del Cristo antes de la restauración / CARMEN VEGA

Originalmente este modelo iconográfico poseía una doble funcionalidad, ya que permanecía crucificado durante el año hasta que la tarde del Viernes Santo se desclavaba de la cruz para ser enterrado en una urna. Esta particularidad hacía necesaria la articulación de sus brazos, que permite moverlos arriba y abajo.

A pesar de ser un acto emocionante, a partir del siglo XVII este descendimiento comienza a desaparecer en muchas localidades, aunque a día de hoy se sigue conservando en algunas poblaciones o se ha recuperado en otras.

El estado de conservación de la talla era muy deficiente, según ha comentado a HOY La Zarza la restauradora, pues la imagen presentaba varios repintes que ocultaban la carnación original por completo. Además, el soporte tenía, entre otras faltas estructurales, la pérdida de todos los dedos de las manos. Para solucionar estos graves deterioros, el párroco Nacho Pérez y la Cofradía de la Soledad consideraron necesaria su restauración.

Detalles de la actuación / CARMEN VEGA

Tras los diversos estudios, explicó Carmen Vega a este diario, se planteó un plan de actuación dividido en dos fases. En primer lugar, se debían retirar los dos repintes que cubrían en su totalidad la carnación y reconstruir las partes del soporte que había perdido. Una vez concluida la primera fase apareció la policromía original de gran calidad, pero fuertemente deteriorada. En la segunda fase, para dar unidad a la obra y concluir la intervención, se actuó sobre la policromía estucando y reintegrando las lagunas. Finalmente la obra fue barnizada en su totalidad.

Gracias a los procesos llevados a cabo, se ha conseguido por un lado devolver al soporte las características necesarias para la buena conservación de la talla, y por otro se ha rescatado la policromía original recuperando finalmente la unidad estética de la pieza.