Bombo y bolas de madera utilizados en Mérida para el sorteo de quintos
Bombo y bolas de madera utilizados en Mérida para el sorteo de quintos / FABIÁN LAVADO RODRÍGUEZ

El servicio militar en La Zarza: la quinta de 1818

  • HISTORIA LOCAL

  • “El alistamiento de ese año estuvo formado por cincuenta mozos, de los que tres serían elegidos soldados por el sistema de quintas”

El nombre de 'quinta' proviene de la obligación militar según la cual uno de cada cinco varones debía servir en el ejército. En noviembre de 1770, Carlos III promulgó la Real Ordenanza de Reemplazo Anual del Ejército, implantando de este modo un sistema de reclutamiento regular anual basado en las quintas, que coexistió con la leva de voluntarios y la recluta forzosa formada por 'vagamundos y gente sin oficio', para realizar el servicio militar que por entonces era de ocho años. El Real Decreto 247/2001 de 9 de marzo suspendió el servicio militar a partir del 31 de diciembre de 2001.

Alistamiento de mozos

El 29 de enero de 1818, los alcaldes ordinarios de La Zarza (entonces Zarza junto Alanje) don Bernardo González y don Francisco Mejía, con el padrón del municipio y los libros de bautismo que facilitó don Francisco López Naranjo, presbítero y cura ecónomo de la parroquia de San Martín, procedieron a formalizar el alistamiento de todos los mozos solteros que residían en la villa, comprendidos entre los 17 y 36 años cumplidos, bajo las formalidades que disponía la ley.

Cincuenta mozos formaron el reemplazo:

- Juan, hijo de D. Antonio Ginestal, con marca (cicatriz, manchas en la piel, verrugas, tatuaje, calva, picadura de viruelas, vitiligo u otras que permitieran su identificación), con hermano soldado e “inútil” de una estocada. Félix, hijo de D. Antonio Ginestal, con marca, “inútil” por manco. Vitorino Reyes, hijo de Pedro Ambrosio, con marca, retirado con buena licencia, “inútil” por la falta de dientes. Miguel, hijo de Benito Carroza, con marca, “inútil” por tiñoso (úlceras o costras en la piel del cráneo). Francisco, hijo de Pablo Brabo, con marca, retirado con dispersos (militar que no estaba agregado a ningún cuerpo y residía en el pueblo que elegía), “inútil” por faltarle el dedo pulgar derecho. Francisco, hijo de Juan Pérez, sin marca, fatuo (falto de entendimiento). Bartolomé, hijo de Fernando Bacas, con marca, fatuo. Diego, hijo de Francisco León, sin marca, falto de la vista derecha. Juan, hijo de Fernando Becerra, con marca, cojo. Mateo, hijo de Gregorio Rodríguez, sin marca, corto de vista. Sebastián, hijo de Gregorio Rodríguez, sin marca, padece accidentes (indisposición o enfermedad repentina). Juan Santos, hijo de Pedro Benítez, sin marca, jorobado. Juan Francisco Aquilino, hijo de Miguel Cortés, sin marca. Juan, hijo de Alonso Barrero, sin marca. Martín, hijo de Alonso Barrero, sin marca. Francisco, hijo de Antonio Gómez, sin marca. Josef, hijo de Juan Flores, sin marca. Francisco, hijo de Fernando Becerra, sin marca. Domingo, hijo de Sebastián Pérez, sin marca. Juan, hijo de Félix Romero, sin marca. Domingo, hijo de Álbaro Carrasco, sin marca. José, hijo de Francisco Delgado de la Peña, sin marca, soldado retirado con dispersos. Francisco Sales, hijo de Juan Antonio Molina, sin marca. Francisco, hijo de Fernando Durán, sin marca, hijo de viuda pobre. Bartolomé, hijo de Pedro Zafra, sin marca. Josef, hijo de Sebastián Dionisio, sin marca. Josef, hijo de Fernando Rey, sin marca. Fernando, hijo de Juan Luis, sin marca, con un hermano soldado. Alonso, hijo de Alonso Flores, sin marca. Sebastián, hijo de Francisco Espinosa, sin marca. Juan, hijo de Clemente Zama, sin marca, con un hermano soldado. Sebastián, hijo de Juan Donoso, sin marca, hijo único de viuda pobre. Francisco, hijo de Miguel Montero, sin marca. Domingo, hijo de Manuel Seguro, sin marca. Fernando, hijo de Francisco Tirado, sin marca y Álbaro, hijo de Sebastián Guerrero, con marca, retirado con buena licencia y con hermano soldado.

Continuaba el alistamiento con los quintos que alegaron algún motivo para no ser incluidos en el sorteo y el veredicto que se dictó en el llamado “juicio de excepciones”: Francisco, hijo de Santos Espinosa, con marca, alegó la excepción de tener otro hermano soldado, no tuvo contradicción y se admitió esta exención. Pedro, hijo de Francisco Sánchez Ordóñez, con marca, alegó ser hijo único de viuda pobre, se admitió. Juan, hijo de Carlos Gil, con marca, alegó ser hijo único de viuda absolutamente pobre, se admitió. José, hijo de Francisco Antonio Díaz, con marca, manifestó ser hijo de padre sexagenario con escasos bienes, hubo impugnación; las autoridades mandaron tasar sus bienes por peritos, certificando que no eran suficientes ni aún para mantener a una sola persona, por lo que se admitió su exención. Juan, hijo de Martín Mateos, con marca, alegó ser hermano de soldado granadero en el Provincial de Trujillo, siendo impugnado; tras presentar una certificación del coronel y sargento mayor de dicho Cuerpo de que su hermano era granadero, se le admitió. Álbaro, hijo de Francisco Fuentes, con marca, alegó ser hermano de soldado, se admitió. Roque, hijo de Juan Paredes, con marca, alegó ser hijo único de viuda con pocos bienes, se admitió. Juan de Dios, hijo de Fernando Belloso, con marca, alegó ser soldado retirado y cumplido; presentó su licencia y se admitió. Josef, hijo de Francisco Espinosa, con marca, mostró su cédula de retiro con dispersos y la pensión de un real diario, se admitió. Fernando, hijo de Simón Castillón, con marca, alegó la excepción de ser hermano de soldado, se admitió. Fernando, hijo de Juan Pérez, con marca, expresó su licencia absoluta, se admitió. Juan, hijo de Juan Álbarez, con marca, hijo único de viuda pobre, presentó su licencia absoluta, se admitió. Pedro, hijo de Francisco Cortés, con marca, alegó ser hermano de soldado e hijo de viuda; tenía otros dos hermanos, uno menor de catorce años y otro mayor de esta edad y menor de diez y siete; se consultó a dos abogados de Mérida, no admitiéndose su exención. Por último, Alejandro, hijo de Juan Romero, con marca, alegó la excepción de haberse casado el 29 de diciembre de 1817; visto por las autoridades municipales, no se aceptó por contemplar el reglamento que debían incluirse todos los casados después del 11 de diciembre, fecha con que se expidió la orden para el reemplazo.

“Encantaramiento” y sorteo

Finalizado todo el proceso, y una vez rechazados para el sorteo los mozos “enteramente inútiles” para el servicio de armas y los declarados exentos en el “juicio de excepciones”, se procedía al “encantaramiento” de las bolas y sorteo. Consistía en colocar en una bolsa o cántaro (con el tiempo, en un bombo) el nombre de cada uno de los mozos, útiles para el sorteo, escrito en un papel que se enrollaba y se metía en una especie de bola de madera ovalada, por lo que había tantas bolas como número de mozos. En otro cántaro, se depositaban la misma cantidad de bolas, en cuyo interior algunas llevarían una papeleta con la palabra soldado, según el número de soldados asignados a cada pueblo, y las demás en blanco. Una vez que todo estaba dispuesto, comenzaba el sorteo “sacando un niño una bola de una bolsa, y, leída por en Síndico la cédula, otro niño sacará de la otra bolsa otra cédula que también se leerá o anunciará que salió blanco…hasta que haya salido el número de soldados que se hubiere de sacar”, en este caso tres, que fueron las plazas que correspondieron al cupo de La Zarza en 1818. Terminado el sorteo, se cumplimentaba un acta con el nombre y la edad de los que resultaron elegidos soldados.

Fabián Lavado Rodríguez

Cronista Oficial de La Zarza

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