José Manuel Álvarez González, en imagen reciente / CEDIDA

Entrevista a José Manuel Álvarez González, párroco de La Zarza (por Claudia Tejada Mateos)

El clérigo muestra su más sincero punto de vista sobre el panorama religioso en la actualidad, así como su proceso personal hasta la toma de la decisión de ordenarse sacerdote

CLAUDIA TEJADA MATEOS

José Manuel Álvarez González, tiene 28 años. Es el párroco de La Zarza y Alange y, a pesar de su temprana edad, este no es su primer destino.

Procede de Villanueva del Fresno. Dejó su casa con 11 años para estudiar ESO y Bachillerato en el Colegio Diocesano de Badajoz. Fue en esos años cuando se planteó la vocación sacerdotal. Decidió ingresar en el Seminario Mayor de Badajoz, donde permaneció los 6 años de su formación y un año más de diácono.

¿Es la Zarza su primer destino? ¿Cómo se ha sentido?

La Zarza no es mi primer destino. He estado en Oliva de la Frontera, Valle de Santa Ana y Brovales, durante un año completo como sacerdote y otro año anteriormente como diácono junto al párroco de dicha parroquia. Tanto allí como aquí me sentí muy acogido y acompañado por las personas de la parroquia y con muchas ganas de trabajar y entregarme a todo aquel que me necesite, animando la pastoral y la fe de las comunidades.

Tal y como está el mundo, en el que escasean las vocaciones y en especial la religiosa, ¿qué le llevó a ordenarse sacerdote?

Ya de pequeño tuve alguna inquietud, pero con la adolescencia pasó a un segundo o tercer plano. Al conocer un nuevo sacerdote me contagié de sus ganas de trabajar por el reino de Cristo, en definitiva, su alegría al servir al Señor desde el sacerdocio.

¿Desde cuándo tenía claro que esta era su vocación?

Fue un proceso complicado, y en parte lo sigue siendo, pero siempre cuento con la ayuda de aquel que siento que me eligió para su servicio. Esto no está exento de momentos de dificultad, incluso de bastantes dudas.

¿Cómo fue la reacción de su círculo más cercano al enterarse de que dedicaría su vida al sacerdocio?

Yo siempre había estado muy ligado a la parroquia, y aún así, mis amigos se sorprendieron bastante. Pero lo entendieron, me apoyaron y se alegraron mucho por mí.

Para mi familia también fue una sorpresa. Durante la eucaristía, el día de la graduación de Bachillerato, el sacerdote me invitó a subir al altar y exponer mi decisión para el curso siguiente. Fue emocionante para todos porque nadie sabía nada, ni siquiera mis padres y mis hermanos.

Una de las cosas que más se comenta aquí en La Zarza cuando se habla de que hay un nuevo sacerdote, es lo joven que es. ¿Por qué cree que sorprende?

Bueno, soy el sacerdote más joven de nuestra diócesis, el último en haber sido ordenado para este ministerio. La gente no está acostumbrada a ver sacerdote de 28 años, ni mucho menos gente joven que entregue su vida para este servicio.

La gente aún no me conoce. De entrada, quizá parezca un poco serio, pero aseguro que para nada lo soy en mi vida diaria. Mi carácter es completamente diferente. Lo más importante para mí sería irme de este pueblo sabiendo que he ayudado a que los zarceños se encuentren más y mejor con Cristo, que puedan profundizar en su fe

¿Alguna vez se ha cuestionado su vocación?

Esta vida no está exenta de dudas, sino todo lo contrario, es algo que hay que asumir en la propia vida. ¿Aacaso no tienen dudas los que van a ser padres, los que van a contraer matrimonio, los que eligen trabajar en una profesión concreta, los que van a elegir sus estudios para el futuro…? La duda viene sobre aquel que se lanza a vivir de una manera concreta y no duda en entregar su vida para el servicio de Cristo.

Ser sacerdote parece más que un mero trabajo ¿Qué otras cuestiones implica? ¿Alguna vez ha tenido en mente dedicarse a otra cosa? ¿Si no hubiese sido sacerdote a que otra cosa le hubiera gustado dedicarse?

Ciertamente, puede parecer que el sacerdote está para celebrar misas, para las catequesis y poco más. Pero tenemos entre nuestras manos el mayor tesoro de nuestro pueblo, la intimidad entre la criatura y su creador. Como diría el padre Pedro Arrupe: «Soy un pobre hombre que procura estropear lo menos posible la obra de Dios». Y ahí entra todo lo que pasa por el corazón de los zarceños, estar abierto a sus alegrías, sus tristezas, sus preocupaciones, sus anhelos, su crecimiento en la fe.

Antes de decidir ser sacerdote, creía tener clara mi vocación hacia la medicina. Pero una cosa es lo que queremos y otra aquello a lo que se nos llama.

Cambiando un poco de tercio, ¿por qué cree que escasea la fe entre los jóvenes? ¿Considera que la iglesia tiene alguna responsabilidad en ello?

Hablar de la iglesia, en términos generales, es acusar al final un ente incorpóreo del cual no sabemos quién es el responsable.

Todos somos responsables de la transmisión de nuestra fe. En el proceso de vida, Dios toca el corazón de cada uno cuando lo cree oportuno. Evidentemente, hay una responsabilidad por parte de la iglesia, pero esa iglesia no es el cura, no es el Papa, no es el obispo, no son los catequistas… Esa iglesia la formamos entre todos y entre todos transmitimos la fe.

Hay postulados de la iglesia que tienen un encaje difícil en la sociedad actual, incluso el Papa Francisco ha manifestado una opinión distinta en alguno de estos temas. Como por ejemplo, la postura oficial de la iglesia ante el uso de profilaxis y en cuanto al matrimonio homosexual. ¿Querría compartir su opinión en cuanto a alguno de estos temas?

Soy enviado por la iglesia a un lugar para transmitir la Palabra de Dios. Estas son preguntas habituales, y quizás no las fundamentales, pero la iglesia avanza a su ritmo, en ocasiones muy lento. Tenemos que confiar en que cada cosa lleva su proceso.

Yo no soy quién para decir cuándo y cómo debe cambiar esta o aquella cosa, simplemente hacer mi reflexión personal y acoger a todo aquel que se acerque a mí, intentando aconsejarlo de la mejor manera posible para evitar cualquier tipo de sufrimiento y que sienta en mí la misericordia de Dios.

Algunas normas de la iglesia podrían carecer de sentido para los jóvenes. Por ejemplo, en el caso del celibato, ¿cuál sería su opinión?

Creo que cada cosa tiene su función, y estoy convencido de que el celibato no es contraproducente. Muchas veces se acusa al celibato como culpable de problemas dramáticamente dolorosos como la pederastia. Pero, ¿acaso no existe pederastia fuera del clero o en personas casadas? No podemos culpar al celibato de un desorden afectivo grave que provoca este tipo de acción.

Además, siempre he tenido claro algo: según he visto vivir el matrimonio de mis padres con sus cuatro hijos, lo creo totalmente incompatible con la vida sacerdotal. La mayoría de los días salgo de casa a las 9:00 de la mañana y llego a las 10:00 de la noche, incluido el fin de semana. No es lo ideal para mí en un matrimonio. Creo que no es conciliable, aunque no me opongo a ninguna decisión que se pueda tomar en la iglesia.

¿Cuál cree que es el papel de la iglesia actual en cuanto a la igualdad entre hombres y mujeres?

Creo que se están dando pasos acertados en ese aspecto, quizás lentos para muchos, pero si nos fijamos en el último siglo de historia de la iglesia, se ha avanzado bastante. Tomar la decisión a nivel político es sencillo, pero recordemos que la iglesia funciona a nivel mundial y cada decisión tomada por Roma afecta a nivel mundial. Es un gobierno completamente diferente.

Creo firmemente que poco a poco veremos a la mujer en el lugar que verdaderamente le corresponde, el lugar que siempre fue suyo y que tantas veces ha abandonado.

La iglesia tiene normas muy tradicionales, aún así, parece que hay un cierto aperturismo. ¿Hay algún cambio que le gustaría que la iglesia se planteara por ser positivo para la sociedad actual y futura?

El cambio que a mí me gustaría sería desvincular la fe, los sacramentos y la vida cristiana de los eventos sociales. Y con esto quiero decir que queremos que la iglesia cambie, que sus normas sean otras, que todo avance, pero no dejamos de hacer las cosas porque toca.

Dado que es una dedicación muy vocacional, puedo entender que alguien que dedica su vida a esta vocación quiera dejar una impronta en el mundo que le rodea ¿Cuál sería?

El padre Pedro Arrupe decía: «No me resigno a pensar que cuando yo muera el mundo siga como si yo no hubiera existido». Él no dice esto porque quiere pasar a la historia por haber hecho grandes cosas y ser recordado por ser él, sino que lo que quiere transmitir es que cuando muera haya quedado solamente Cristo.

Y en cierto modo a mí me gustaría que fuese de esa manera. No ser recordado por lo que hice a nivel humano como José Manuel Álvarez González, sino ser recordado por aquella persona que ayudó a que me encontrara con el señor, a vivir más intensamente mi fe, acercarme a aquella comunidad cristiana de la que me había olvidado… Si realmente esa es la impronta que dejo, me iré satisfecho el día que Dios me llame a su presencia.