Fernando Romero llegó a la Plaza del Obradoiro con la bandera de La Zarza y el pañuelo de tierrablanquero :: A.R.

ENTREVISTA a Fernando Romero, peregrino de La Zarza a Santiago

Ha realizado andando los 860 kilómetros que separan ambas localidades en 24 días

Pedro Espinosa
PEDRO ESPINOSA

Un día se dijo que tenía que hacer el Camino de Santiago andando desde La Zarza y lo ha cumplido. Fernando Romero Galán (La Zarza, 1966) ha realizado los 860 kilómetros que separan ambas localidades en 24 días. Salió de su casa en la calle Miraveles el domingo, 16 de mayo y llegó a la Plaza del Obradoiro el martes, 8 de junio.

¿Qué distancia recorría cada día, aproximadamente?

La media diaria ha sido de unos 35 kilómetros, aunque dependía de las ganas y fuerzas que tuviera. Con la ilusión y las ganas iniciales, el primer día hice 58.

¿Qué motivos le han llevado a hacerlo?

Pues realmente no me ha movido ningún motivo especial ni ninguna promesa. Un día me dije que tenía que hacer el Camino desde el pueblo y lo he hecho. Sin más pretensiones.

¿Se preparó de algún modo antes de empezar?

No, yo particularmente no llevé a cabo ningún tipo de preparación específica. Siempre me ha gustado mucho andar, y ando cuando las obligaciones me lo permiten.

Fernando Romero, en pleno camino / ALEJANDRO ROMERO

¿En qué tipo de alojamiento ha dormido?

He dormido principalmente en albergues, pero cuando estos estaban cerrados, en algunos casos por la pandemia, en hostales. A veces, tenía que seguir andando hasta la próxima población porque a lo mejor no había nada en la que había llegado.

¿Qué se siente al contemplar la Catedral de Santiago y saber que se ha conseguido el objetivo?

La sensación de satisfacción es enorme, única, muy difícil de explicar con palabras. Atrás queda mucho esfuerzo y sacrificio.

¿Cuáles han sido los momentos de mayor dificultad?

Ha habido algunos momentos difíciles. En la tercera etapa, me picó un bicho en el pie y no podía ponerme la zapatilla. Tuve que ir al consultorio médico de Baños de Montemayor donde me inyectaron un urbason. Me vi obligado a terminar la etapa con chanclas.

¿Y los mejores?

También he vivido momentos muy buenos, pero, sin duda, el mejor fue el encuentro con mi hijo Alejandro en Benavente (Zamora). Me dio fuerza y vida para continuar el Camino.

¿Y qué tal la experiencia de hacer parte del camino con él?

La experiencia ha sido realmente fabulosa, inolvidable. Poder compartir una serie de etapas con él ha sido un privilegio.

¿Ha conocido a gente haciendo el Camino?

Pues sí, gente muy variopinta con la que he compartido momentos muy bonitos y con la que sigo en contacto. A todos nos unía el espíritu aventurero.

Con su hijo Alejandro, con el que realizó parte del trayecto / CEDIDA

¿Qué consejo daría a un peregrino que quisiera vivir una experiencia similar a la suya?

Sin ser un profesional, considero muy importante el peso de la mochila. Recomiendo que sólo se lleve lo imprescindible y que dejen en casa todo aquello que apenas se vaya a utilizar.

¿Tiene alguna anécdota divertida que le haya sucedido durante el camino?

Una en concreto, no, pero sí es verdad que al final de cada etapa nos reuníamos todos los peregrinos que coincidíamos en los alojamientos y contábamos las anécdotas que nos habían sucedido durante la jornada.

¿Cree que es una experiencia para vivir solo o acompañado?

Ufff, no sé. Recorrer solo tantos kilómetros es duro tanto en el aspecto físico como mental. Creo que es mejor hacer el camino acompañado, y si es con tu hijo, mejor que mejor.

Si tuviese que escoger una etapa, ¿con cuál se quedaría?

Hay etapas muy bonitas, pero personalmente me quedaría con la que termina en O Cebreiro, un pueblecito de piedra muy pequeño, de la provincia de Lugo.

¿Se planteó el abandono en algún momento?

No, no se me pasó por la cabeza regresar al pueblo en ningún momento. Tenía que cumplir el objetivo.

¿Cree que se debe ir preparado al camino, conociendo las etapas y distancias o bien lanzarse sin más a hacerlo?

Pues en verdad no sé. Yo, particularmente, no he preparado nada. Me lancé, sin más, a hacerlo. Y me ha ido bien.

¿Ha cambiado algo en su persona después de esta experiencia?

Realmente, no. Sigo siendo el mismo.