Imagen de la Virgen de las Nieves
Imagen de la Virgen de las Nieves / FRANCISCO T. CEREZO

Los bienes muebles de la casa de la Patrona

  • HISTORIA LOCAL

  • Aproximaciones históricas en torno a la retablística y suntuaria de la Ermita de la Virgen de las Nieves de La Zarza

Desde la fijación del culto a la Virgen de las Nieves en La Zarza durante el primer cuarto del XVIII con la construcción de una ermita ex-profeso para la imagen ocupando el solar de la de los Santos Mártires Fabián y Sebastián, se acometieron una serie de intervenciones artísticas destinadas a enriquecer el espacio sagrado. Por una parte, la ejecución del retablo mayor y los destinados a acoger las imágenes de los Santos Mártires, además de los dos ubicados en el arranque de la nave central. Por otra parte, la llegada del Carro de la Virgen, obra en plata que repite un modelo del platero almendralejense del siglo XVIII Álvarez Lajas, supuso la consolidación de la característica imagen del culto externo a la Virgen de las Nieves tal y como la conocemos en la actualidad.

La imagen de la Virgen de las Nieves

Toda la obra dieciochesca de reforma y ampliación de la ermita de los Mártires de La Zarza tenía como fin último dignificar el espacio a la importancia del nuevo culto a la Virgen de las Nieves. Ésta es una imagen de madera policromada de poco más de un metro de alto, de candelero, con cabeza y manos talladas, adaptada para ser vestida. De autor anónimo, su ejecución puede encuadrarse dentro de las corrientes escultóricas del siglo XVIII, no disponiendo de datos documentales ni estilísticos suficientes para poder acotar un arco temporal más concreto.

ntigua imagen de la Virgen

Busto y manos de la a

ntigua imagen de la Virgen / FCO. T. CEREZO

En su ermita se conservan un busto y unas manos de una imagen anterior, encontrada en una alacena tapiada de un domicilio particular cercano, y que tradicionalmente se han venido identificando con los restos de una imagen precedente que fue sustituida por la actual. Este hecho era frecuente en la época debido a los cambios de gusto y adecuaciones a las modas del momento, con el fin de humanizar los iconos sagrados a través del uso de ropas. Esta práctica, cuando se abordaba sobre imágenes anteriores, incluía en muchos casos mutilaciones con las que adaptar imágenes de talla completa a los ropajes, o, en otros, sustituciones por otras de nueva factura que recreaban en mayor o menor medida rasgos de las anteriores. En ese caso, las imágenes sustituidas por éstas eran escondidas o destruidas para evitar posibles profanaciones.

El busto y manos custodiados en la ermita zarceña parecen también, por sus características formales, de una imagen vestidera, ya que el cabello está simplemente esbozado con la intención de quedar oculto por la indumentaria. Tiene ojos de cristal con el fin de aportar un mayor grado de realidad, siguiendo la práctica extendida en la imaginería a partir del siglo XVII y que llevó a implantarlos en muchos casos sobre imágenes más antiguas. No resulta desacertado afirmar que ésta podría ser la imagen original de la Virgen de las Nieves, aquella citada en la Real Cédula y que se encontraba en la primitiva ermita de los Mártires, y que tras el resurgimiento de su culto a partir de 1727, sería sustituida por la actual ya con una factura totalmente acorde a las modas del momento reproduciendo en parte los rasgos de la anterior.

Imagen del Niño Jesús

Imagen del Niño Jesús / FCO. T. CEREZO

La actual Virgen de las Nieves sostiene en su mano izquierda a un Niño Jesús, también de vestir, portando en la derecha un cetrocomo símbolo de la Realeza de María. El rostro de la Virgen presenta un óvalo facial muy delineado y alargado, de mirada frontal y serena, boca pequeña de labios cerrados y sonrisa levemente esbozada. Sabemos que la imagen fue intervenida al menos en dos ocasiones hasta el siglo XIX: una en 1795, por parte del dorador Manuel Bravo , consistente en un retoque, y ya en 1847 por el también dorador de Aceuchal, Francisco Pérez -de las que no se especifica su alcance-. En ese mismo año se sustituye la primitiva imagen del Niño Jesús por la actual, tal vez buscando una de mayor calidad artística con la que aumentar el valor devocional del conjunto. El Niño, de talla completa y ojos de cristal, muestra un gesto desenfadado que contrasta con la majestuosidad de la Virgen. Ella se presenta a los fieles como una theotokos hodegetria, María como Madre del Redentor, siendo Ella al mismo tiempo Corredentora y Mediadora, mostrando en sus brazos a Cristo nacido de sus entrañas. La imagen, que es cambiada de ropa varias veces al año, se viste con un terno formado por túnica, pecherín y manto sobre los hombros, tocando su cabeza con el velo propio de las vírgenes.

Los retablos de la Ermita de la Virgen de las Nieves

Terminada la obra de ampliación de la ermita y construcción del camarín, se completó la obra arquitectónica con una serie de retablos acordes a los nuevos espacios en los que albergar las sagradas imágenes al mismo tiempo que dotar de suntuosidad al edificio. El retablo mayor de la ermita se dedicó a la Virgen de las Nieves, ahora foco principal de atención desplazando a los santos Mártires Fabian y Sebastián. La obra se dispuso ocupando la totalidad de la cabecera del templo a modo de gran telón con el que ocultar el espacio en doble altura de la sacristía y camarín. Su ejecución se data entre 1727 y 1746, fecha ésta última de los trabajos de dorado de la obra junto a otros retablos del templo.

Retablo de Ntra. Sra. de las Nieves

Retablo de Ntra. Sra. de las Nieves / FCO. T. CEREZO

Es una obra anónima salida sin duda de un taller regional que, sin embargo, ejecuta un trabajo de cierta calidad tanto en diseño como en composición. Realizado en madera tallada y dorada, su sencilla estructura se ajusta completamente al medio punto del testero. Se articula en un solo cuerpo y ático, con una división en tres calles, divididas mediante estípites y columnas salomónicas alternativamente. En la calle central se abre el hueco en el que se dispone la imagen de la Virgen, y que comunica directamente con el espacio privado del camarín que deja entrever. Las calles laterales, de menor envergadura, están formadas por paños decorativos. Toda la decoración del retablo es vegetal -a excepción de unos pocos angelotes-, alternándose hojas de acanto y pámpanos, recayendo cualquier protagonismo figurativo a la imagen de la Virgen de las Nieves. En el ático del retablo se repite la división en tres calles. La central se remata con una ornamentada cartela con el anagrama de María, bajo la cual dos angelotes sostienen una corona sobre el hueco que acoge a la sagrada imagen. Bajo ésta, otra cartela de gran tamaño muestra la Cruz de la Orden de Santiago bajo una venera. En la parte baja del altar se disponen dos puertas acasetonadas que dan acceso a la sacristía, siendo la de la derecha la que enlaza directamente con la escalera de subida al camarín.

La Real Cédula de 1726 autorizaba la construcción de otras dos capillas colaterales, destinadas a acoger las imágenes de los Mártires Sebastián y Fabián, ahora desplazadas de su primitivo emplazamiento en la capilla mayor de la antigua ermita. Para estas dos colaterales -que en realidad suponen los espacios de los brazos del transepto- se realizaron dos nuevos retablos: uno para la imagen de San Sebastián, en el lado derecho, y otro para San Fabián en el izquierdo. Estos dos retablos, contemporáneos al de la Virgen de las Nieves, probablemente fueron ejecutados dentro del mismo encargo, siendo posible observar en los tres rasgos similares en el trabajo de la talla. Semejantes entre ellos, están formados por un solo cuerpo en el que se abre una hornacina que cobija la imagen del mártir en cuestión. Como único elemento sustentante se emplea un par de columnas salomónicas de cinco espiras. El cuerpo de estos retablos se cubre con distintos elementos vegetales a base de acantos, rosetas y racimos de frutas, distinguiéndose de este tipo de decoración únicamente la cartela de remate del ático que contiene nuevamente la cruz santiaguista bajo una corona orlada por una cornucopia. Cada uno de estos retablos no es simétrico sobre sí mismo: la parte que linda con el muro lateral de las naves está “mutilada”. Esta alteración es perfectamente visible en la decoración lateral de las pilastras extremas, y más evidente aún en la supresión de la cenefa de acantos que enmarca el ático. Todo ello apunta a una reubicación de los retablos una vez entregados, tal vez con el fin de salvar los dos únicos puntos de luz abiertos sobre los muros laterales de los brazos del crucero donde irían planteados en un primer momento. Esta reubicación permitió además complementar estéticamente al altar mayor, visualizándose el conjunto de forma unitaria desde los pies de la nave del templo.

Retablo de San Sebastián

Retablo de San Sebastián / FCO. T. CEREZO

La retablística de la ermita se completa con otros dos ejemplares. Localizados uno frente a otro en el primer tramo de la nave de la iglesia, están encajados en dos nichos realizados en el muro a tal propósito. Semejantes entre ellos, están formados por un pequeño banco sobre el que se dispone un único cuerpo rematado por un desarrollado ático. Al centro se abre una pequeña hornacina flanqueada por dos parejas de columnas de orden corintio, con fustes decorados con motivos vegetales de acantos y guirnaldas de flores. Sobre las columnas y recorriendo la parte superior del retablo discurre un sencillo entablamento que en la calle central se parte a modo de frontón triangular, en el que se aloja un orlado medallón rodeado por cornucopias con motivos vegetales. La ejecución de estos dos retablos se data ya a mediados del XVIII, más cercanos a una estética del barroco final con tintes rococós. De autor anónimo, pueden ponerse en relación con el trabajo desarrollado por el diseñador de Almendralejo Juan Pablo López para el retablo mayor de la Basílica de Santa Eulalia de Mérida en 1743. En los casos de La Zarza, se repite, a muy menor escala, el original esquema de entablamento partido que aparece ya en el ejemplar emeritense. Actualmente acogen, respectivamente, una imagen de Santa Lucía, datable a finales del XVII, y una Inmaculada Concepción de mediados del S.XX.

El carro de plata de la Virgen de las Nieves

Cada 8 de septiembre la imagen de la patrona de la Zarza realiza una salida procesional alrededor del atrio de su ermita con la que culminan los cultos que anualmente se celebran en su honor. Durante estas celebraciones la imagen es bajada de su camarín y colocada sobre una singular pieza de la platería extremeña, un carro de plata que aparece ya recogido en el primer inventario conservado de 1771. Desde los primeros tiempos de la reactivación del culto a la Virgen de las Nieves se contempló su salida procesional como una de los actos litúrgicos fundamentales en torno a la imagen. La hechura del carro de la Virgen se data en torno al tercer cuarto del siglo XVIII, y puede considerarse una pieza más dentro de la labor de fijación y enriquecimiento del culto a la Virgen de las Nieves tras los trabajos de reedificación y dotación de la ermita de los Mártires.

La historiografía artística extremeña atribuye la pieza al trabajo del platero de Almendralejo Agustín Álvarez Lajas, ya que hasta el momento no hay documentación alguna que corrobore este dato ni existen en la pieza marcas propias de su punzón. Esta teoría se refrenda por el hecho de que el carro de la Virgen de las Nieves es una repetición a mayor escala del templete que Álvarez Lajas ejecutara entre 1751 y 1756 para la Hermandad Sacramental de la Parroquia de Berlanga (Badajoz), que acuerda su hechura para procesionar bajo él la custodia el día del Corpus Christi. Se da también la circunstancia de que Álvarez Lajas aparece censado a finales de la década de los sesenta del S. XVIII en la entonces Zarza de Alange, de cuyo ayuntamiento llegó a ser regidor en 1768, dato éste que secunda la adscripción del carro de la Virgen de las Nieves a su autoría.

El carro de la Virgen es, al igual que la pieza de Berlanga, un templete -aquí de mayor escala- sobre un soporte con ruedas que permite su desplazamiento. De planta cuadrada, tiene una sencilla estructura con cuatro columnas corintias de fuerte éntasis que sostienen arcos trilobulados. Sobre todo el perímetro superior se extiende una cornisa en cuyas esquinas, y a eje con las columnas, se disponen jarrones de azucenas en alusión a la pureza de María. El templete se cubre con un casquete semicircular sostenido por roleos aéreos del que penden pequeñas campanas, y se remata en su parte superior con una corona bulbosa de considerable tamaño.

Detalle del Carro de la Virgen

Detalle del Carro de la Virgen / FCO. T. CEREZO

Detalle del Carro de la Virgen

Todo apunta a que el templete realizado por Álvarez Lajas para la Sacramental de Berlanga tuviera cierto éxito, y el carro de la Virgen de las Nieves fuera encargado a su semejanza, bien como iniciativa del propio platero ofreciendo un modelo ya ensayado previamente, o bien por decisión del mayordomo de la Virgen que pudiera haber conocido la pieza precedente. El modelo de La Zarza incluye algunas variantes y mejoras meramente ornamentales sobre el de Berlanga, como el empleo de rocallas como elementos decorativos o la gran corona que remata el conjunto.

En el año 1993 el carro de la Virgen fue objeto de una concienzuda restauración por el taller de Orfebrería Villarreal de Sevilla, trabajos durante los cuales apareció en el interior de uno de los capiteles la inscripción: "PERALTA YZO ESTA OBRA AÑO 1816 ALMENDRALEJO. MAYORDOMO ANTONIO CORTES 1816". Este hecho plantea sin embargo una nueva línea de investigación en torno a la atribución y datación de la pieza. Andrés Peralta, platero de Almendralejo, era hijo de Fernando Peralta, también platero y muy relacionado con el propio Álvarez Lajas, con quien tuvo relación familiar. Si tenemos en cuenta el vacío documental que imposibilita certificar que el carro de la Virgen es obra de Álvarez Lajas, y que en el inventario de 1771 se cita la presencia de la obra pero no una descripción con la que poder llegar a identificarla, no sería descabellado pensar que el actual pudiera tratarse de un segundo carro llegado en sustitución del primitivo recogido en el primer inventario conservado. El carro actual podría ser así obra de Andrés Peralta, datable ya a comienzos del siglo XIX, y en la que reproduciría el modelo de Lajas de Berlanga que tan bien conocería. En este punto, la historiografía especializada se inclina a pensar que esta atribución de la obra que hace para sí el propio Peralta no va más allá de algún tipo de intervención puntual y no a la factura total de la misma. Sea como fuere, futuras investigaciones en archivo podrán arrojar luz a la autoría y datación de la obra, así como a aclarar la procedencia de la plata utilizada en su ejecución y si es resultado de un encargo directo de la mayordomía de la Virgen u obedece al regalo de algún devoto.

Francisco Tomás Cerezo Vacas (Licenciado en Bellas Artes y Conservador del Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo de Badajoz)

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