Ilustración de Pedro Cortés de Monroy publicada en el diario chileno El Ovalillo
Ilustración de Pedro Cortés de Monroy publicada en el diario chileno El Ovalillo

Correrías del zarceño Pedro Cortés de Monroy durante la conquista de Chile

  • HISTORIA LOCAL

  • En 1555 abandonó La Zarza rumbo al nuevo mundo junto con sus padres y hermanos. Acababa de cumplir veintidós años cuando tuvo noticia de que se preparaba una gran expedición al Perú

La figura del zarceño Pedro Cortés de Monroy es considerada por cronistas e historiadores como la de uno de los militares españoles más brillantes que participaron en las guerras contra los indios araucanos durante la conquista de Chile. Nuestro paisano conquistador llegó al territorio chileno como soldado a mediados del siglo XVI, con el tiempo ascendió a capitán, después a sargento mayor, maestre de campo, capitán general y finalmente coronel general del reino de Chile. Al final de su vida fue nombrado corregidor de la región peruana de Arica, un cargo de funcionario real otorgado por Felipe III a principios del siglo XVII y con el que se premiaba su larga experiencia en combate durante más de 60 años. Experiencia basada en unas grandes “dotes militares” que fueron las que forjaron su fama de valeroso soldado, astuto estratega y gran conocedor del terreno.

El presente artículo no pretende indagar tanto en su biografía o en su genealogía, como en arrojar un poco más de luz sobre los hechos de guerra que el zarceño protagonizó durante la conquista de Chile y que tanta fama le dieron entre los militares de su época. Algunos de esos hechos de guerra también se denominan “correrías”, recogiendo bajo este nombre acciones militares de todo tipo y que pueden narrar tanto las invasiones que se realizaban en un territorio en guerra y que se dedicaban fundamentalmente a la destrucción y el saqueo hasta su participación en la construcción de fuertes y ciudades, en grandes batallas y en la dirección de numerosas acciones de socorros y castigos, destacando siempre de él su astucia y coraje en el combate así como su gran conocimiento del terreno y de las costumbres indias, hecho que le convirtió en un experto guía.

Algunas de esas numerosas acciones que el conquistador zarceño protagonizó aparecen en diferentes fuentes bibliográficas, aunque en este artículo seguiremos y citaremos la información contenida en cartas y memoriales escritos por el propio Cortés de Monroy y recogida por autores posteriores, como en Historia General del Reino de Chile, Flandes Indiano del Padre Diego Rosales, y en la obra de Domingo Amunátegui, Un soldado de la conquista de Chile.

Origen

Lo cierto es que poco se conoce de Pedro Cortés antes de que embarcara rumbo a las Indias a mediados del siglo XVI. A pesar de que existían dudas sobre su origen, la mayoría de estudios confirman que era natural de La Zarza. En este sentido no debería haber lugar a dudas ya que tanto sabemos que fue bautizado en la parroquia de San Martín de La Zarza el 20 de febrero de 1533 como conocemos las palabras que el propio Pedro Cortés de Monroy escribió en uno de sus memoriales: “Soy un soldado extremeño. Nací en la villa de la Zarza de Alange, donde contrajeron matrimonio mis padres, en el año de 1533. Mi padre era natural de Salamanca, pertenecía a la clase de los pecheros y se llamaba Juan Regas de Monroy. Mi madre María Cortés, había nacido en Medellín”.

Expediciones

Desde la fecha de su bautismo no tenemos más noticias suyas hasta 1555, año en que abandonó La Zarza rumbo al nuevo mundo junto con su padre y sus hermanos. Sobre su salida de La Zarza, Pedro Cortés escribió: “Acababa yo de cumplir veintidós años cuando tuve noticia de que se preparaba una gran expedición al Perú. Deseoso de ganar gloria y fortuna me alisté en ella, y bajo las órdenes del marques de Cañete don Andrés Hurtado de Mendoza, quien había sido nombrado virrey de aquel país, partí de Sanlúcar de Barrameda en el mes de octubre de 1555”. Tras dos años de estancia en Perú, donde permanecieron sus familiares, el zarceño se embarcó nuevamente en otra expedición, pero esta vez de conquista. Así, en 1557 partió hacia Chile a las órdenes de García Hurtado de Mendoza para sofocar la rebelión de los indios en la región de Arauco. Cortés lo describió así: “Se formó en Lima un numeroso ejército, pues se juntaron trescientos jinetes, ciento cincuenta soldados de infantería, más de quinientos caballos y abundante provisión de armas, municiones y pertrechos. Me apresuré a alistarme entre los infantes de este nuevo ejército, y desde entonces he servido como soldado. Los infantes nos embarcamos en tres naves, las cuales zarparon del puerto del Callao el dos de febrero de 1557. Después de cerca de tres meses de navegación llegamos al puerto de Coquimbo”.

Fuertes

Una vez en territorio chileno los soldados españoles comenzaron a fundar fuertes que con el tiempo darían lugar a poblados y ciudades que asentarían la conquista de los nuevos territorios. Pedro Cortés participó en la fundación de varias ciudades y en la construcción de fuertes, aunque los continuos ataques de los indios apenas les dieron tregua. Sobre uno de estos ataques escribió: “El gobernador nos ordenó que construyéramos un fuerte. Con mis propias manos trabajé hasta que la obra quedó terminada. Un día, a la hora del alba, los indios asaltaron el fuerte y tuvimos que luchar con ellos desplegando gran energía para poder rechazarlos. No habíamos perdido un solo hombre, pero muchos de los nuestros se hallaban heridos”. Sobre su participación en la reconstrucción de ciudades destruidas por los indios comentó: “El gobernador juzgó que había llegado el momento de reedificar la ciudad de Concepción, destruida por los araucanos, y con este objeto mandó ciento cincuenta hombres bajo las órdenes del capitán Jerónimo de Villegas. Entre ellos fui yo, y ayudé a la reconstrucción de la ciudad, la cual estuvo nuevamente en pie a principios del año 1558. Los indios de los alrededores no vieron con buenos ojos esta obra de reparación, y hubimos de combatirlos continuamente, hasta que ofrecieron la paz. Con motivo de estas corredurías arriesgué muchas veces la vida y tuve que pasar trasnochadas y miserias”.

Grandes batallas

Durante la conquista del territorio chileno el zarceño se vio inmerso en grandes batallas contra los indios, que eran siempre superiores en número, aunque el mejor armamento de los españoles causó grandes estragos entre ellos. El soldado nos dejó escritos algunos detalles sobre estas batallas: “En el valle de Millaraque se habían juntado más de seis mil guerreros araucanos, que nos atacaron con gran ímpetu. Nos costó trabajo vencerlos pues no combatían todos al mismo tiempo, sino por mangas sucesivas. Conseguimos, sin embargo, matar más de seiscientos y apresar más de quinientos. Era la tercera gran batalla en que me encontraba”.

Otro ejemplo de la gran diferencia numérica que existía en batalla entre indios y españoles lo encontramos al leer el siguiente testimonio del zarceño: “A fines del mes de marzo de 1564, tuvo conocimiento el capitán Bernal de Mercado de que los indios de guerra habían construido un fuerte en el río de Michilemo, cerca de la ciudad de Angol, y de que en él había más de dos mil hombres. Inmediatamente formó su ejército, el cual quedó compuesto por cincuenta soldados españoles y cuatrocientos indios amigos. La batalla duró desde por la mañana hasta más del mediodía. Con mejor éxito posible para nosotros, pues derrotamos al enemigo y dimos muerte a más de seiscientos indios”.

Entre las armas de las que disponían los españoles predominaban las de acero, como espadas y picas, y además contaban con yelmos, corazas y cotas de malla. También emplearon caballos adiestrados para la pelea, armas de fuego, como arcabuces y cañones, y otras menos conocidas, como las alcancías que horrorizaban a los indios en combate. Nuestro paisano, que en sus primeros combates como soldado destacó por ser un diestro arcabucero, dejó constancia de cómo en una ocasión usó esta arma arrojadiza para destruir un fuerte que habían construido los indios en Lincoya: “La victoria fue nuestra, aunque los enemigos ocupaban formidables posiciones. Produjo un gran desorden entre los indios el empleo que hicimos de la alcancías, que eran una olla de barro llena de alquitrán y de otras materias inflamables”. Por su parte, las armas empleadas por los indios eran lanzas muy largas, mazas de madera y garrotes pesados, hondas, piedras, hachas de hierro, de cobre y de pedernal, y flechas de pedernal y hueso. A pesar de la visible desventaja en armamento de los indios, estos se mostraban muy combativos, sobre todo los mapuches, que explotaban su mejor conocimiento del terreno y las estrategias de “guerrillas”, acosando a los españoles con continuas emboscadas y asediando sus fuertes.

Derrotas

A pesar de que la fama lo aclamara como vencedor en todas las batallas en las que luchó, nuestro paisano también saboreó la dureza y amargura de la derrota en varias ocasiones. El mismo Cortés de Monroy relató en uno de sus manuscritos algunos de estos sinsabores: “El gobernador mandó llamar al maestre de campo Altamirano, con orden de que llevase veinte soldados escogidos. Entre éstos, fui yo uno de los designados. En el fuerte de Arauco se nos unieron sesenta y cinco españoles. Con esta fuerza nos dirigimos a atacar a los indios de Catirai, cuyo número llegaba a cinco mil hombres. La batalla duró largo tiempo y por desgracia fuimos derrotados. Era el primer gran desastre que yo presenciaba desde que había llegado a Chile. Murieron cuarenta y cinco de nuestros compañeros, y entre ellos el hijo del gobernador. Yo mismo salí muy mal herido y tuve que retirarme a la ciudad de Angol”. Pero la guerra de Arauco no dio tregua al zarceño ni siquiera en los períodos en los que estaba convaleciente: “Estaba en Angol curándome de mis heridas cuando una gran cantidad de indios, enardecidos con la victoria que habían alcanzado hacia ocho días, se precipitaron sobre la ciudad. La defendía el capitán don Miguel de Avendaño acompañado de treinta y cinco españoles. El capitán llamó a veinte y seis soldados, les ordenó que tomaran armas y cargó sobre el enemigo. Yo andaba con muletas a causa de las heridas; pero éste no fue inconveniente. Me subieron sobre un caballo y combatí entre los primeros. Alcanzamos un triunfo completo, por milagro divino, sin duda alguna, pues los enemigos eran muchos y soberbios, y nosotros pocos y enfermos”.

Valor y Coraje

En muchas ocasiones las tropas españolas se vieron inmersas en continuas emboscadas y ataques. La superioridad numérica de los indios provocó multitud de situaciones críticas en las que los españoles, con Pedro Cortés como protagonista principal, salvaron la vida “in extremis”. El conquistador zarceño describió con detalle una de esas desesperadas situaciones que le tocó vivir en combate: “El primero de febrero de 1569, el general Ruiz de Gamboa y setenta soldados, entre los cuales iba yo, nos dirigimos a buscar comida, y en el valle de Pailataru, encontramos un numeroso ejercito de enemigos. La mayor parte de éstos atacaron a los españoles que ya habíamos bajado a la llanura, y los restantes atacaron al general, que aún permanecía en lo alto en compañía de treinta y cinco soldados. Comprendiendo el peligro, aconsejé a mis compañeros que volviéramos a subir para reunirnos con el general. Así lo hicimos, y de este modo escaparon de la muerte muchos soldados españoles. Pero la sorpresa había sido tan grande que dejamos a siete de los nuestros en el campo. En esta contienda tuvimos que batirnos en retirada, y para ello echamos los bagajes adelante, defendidos por aquellos de los nuestros que estaban peor armados. Yo permanecí en retaguardia, y en unión de Juan de Ávila y Zambrano, salvamos la vida a cinco españoles. En medio de la refriega, uno de estos, llamado Juan Gómez de Don Benito, que, según fama corriente, era uno de los más valerosos soldados que combatían en las Indias, me gritó: - Ya somos perdidos, ¿qué os parece que hagamos? - Encomendarnos primero a Dios, le contesté, y en seguida romper por las filas enemigas, hasta salir o morir-. Por fortuna, llegamos a la ciudad con vida, aunque heridos y maltrechos, después de haber tenido que atravesar más de cinco cuadras dando y recibiendo golpes. Poco tiempo pudimos mantenernos en la ciudad de Cañete, por la falta de víveres y las dificultades de socorro. Con autorización del gobernador, despoblamos la ciudad y nos dirigimos por mar a Concepción. El embarco se presentó lleno de peligros, pues los indios no dejaron de atacarnos un momento. Yo fui designado por el general para que, junto con doce soldados, detener a los enemigos. Y anduve con tanta ventura que alcancé a llegar al embarcadero al mismo tiempo que los indios a la playa. Ya toda nuestra gente había subido al buque; me embarqué, pues, en el último bote; y los enemigos tuvieron que contentarse con robarme los caballos”.

Episodios así, sin duda acrecentarían la fama de Pedro Cortés de Monroy entre sus superiores, que siempre lo tuvieron en alta estima por su valor y determinación en la batalla. Pero hay uno de ellos que es un ejemplo claro de esa determinación: “En la campaña que entonces hicimos contra los indios, me hallé en dos combates, que fueron dos triunfos para nosotros. El primero en el fuerte araucano de Calaumilla, y el segundo en las bocas del río Biobío. Este último comenzó a media noche y no terminó sino al romper el alba. Ya estaba declarada la victoria cuando divisé al maestre de campo Alonso de Alvarado a pie, en la ribera del río. Le pregunté por qué andaba de ese modo y me contestó que había tenido la desgracia de caer en medio del combate, y un indio le había robado el caballo. Por lo demás, le había sido imposible seguir al ladrón a causa de la neblina. En el acto, corrí a caballo en la dirección que me indicó por unos bajíos que el río tiene en aquella parte, alcancé al ladrón, luché con él y le vencí. De este modo, pude entregar a Alvarado el indio, el caballo y la lanza”.

Hechos como estos caracterizan al soldado zarceño durante la conquista de Chile, y nos ayudan a conocer mejor su fuerte personalidad y su carácter decidido. Pero son sólo un primer acercamiento a sus “correrías” ya que en la segunda parte de este artículo seguiremos profundizando en la figura de Pedro Cortés de Monroy y analizando los textos en busca de otras acciones en las que intervino, como las malocas contra los indios o sus enfrentamientos con piratas. Y en otros hechos que forjaron su personalidad, como su experiencia de guía sobre el terreno, su gestión con el problema del hambre y su afán por ayudar a compañeros en apuros.

Pedro David Benítez Romero (Licenciado en Historia)

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